Dime qué comes

y te diré qué quieres

La comida está asociada en todo momento al ser humano.

Sabores y aromas dictan no solo gustos, también hacen referencia 
a momentos e inlcuso hablan de quiénes somos. Lo cierto es que los sabores son una experiencia sinestésica, pues al probarlos no solo se activan
el gusto y el olfato, sino que se cruzan los demás sentidos.

Los sabores se vinculan con una experiencia, sea previa o del momento. Al final ningún sabor es inocente, todos llevan algo consigo.

 

Pero ¿por qué nos gustan determinados alimentos?,

¿es verdad que lo que consumimos nos define?

¿Quién puede olvidar el sabor
del chicharrón y el sonido que se mezcla al morderlo?

El ritmo de vida

nos mueve

Éste induce nuestro gusto, como el hecho de comprar alimentos procesados por considerarlos de mayor calidad debido a que están empaquetados, o cuando aparecen en el radar los snacks etiquetados como productos saludables con sabores naturales y sin gluten.

Somos exigentes

La realidad es que como consumidores queremos más, buscamos productos que sean novedad, sabores diferentes y con calidad visual
en sus empaques; no nos gustan los errores. Valoramos la practicidad
y apreciamos que las empresas trabajen para ofrecernos productos con mayores elementos nutricionales.

Nos enamoramos por los sentidos

Tenemos que decir que entre más sentidos se integren a una experiencia, se logran mayores niveles de memorabilidad, pues como dicen: de la vista nace el amor… o en este caso, el antojo. Aparece entonces el taste appeal, que bien aplicado en la comunicación
es el punto clave para probar un nuevo producto y enamorarse de él.

Además de que un producto cumpla con porciones, tamaños, presentaciones, colores y textura, se trata de asociar el producto con cosas positivas, promover sin rodeos sus cualidades, y si se le suma la ayuda del olfato, entonces las marcas estarán generando una experiencia completa, pues su producto sabrá y olerá a casa de la abuela, a Navidad o a la cabaña de campo.

Sabor es igual

a concepto

¿Y qué pasa

con las bebidas?

Bueno, en esto nos tenemos que referir a los Milénicos.
Los estudios nos dicen que al 74% le encanta ir a restaurantes
y 46% suele seleccionar establecimientos con bebidas especiales y precios asequibles, incluso 54% prefiere visitar un restaurante BYOB (Bring Your Own Beverage, trae tu propia bebida) al cenar fuera. A esto debemos sumar que, literal, “aman” ir a lugares que cuenten con bartenders/mixólogos reconocidos para disfrutar de cocteles exclusivos.

Debemos decir entonces que lo que comemos sí habla de quiénes somos y del porqué preferimos un alimento o bebida y no otros. Una experiencia organoléptica total es posible cuando hay una gran sincronía entre la textura, la apariencia, el sabor y el olor del producto, porque juntos envuelven los sentidos, evocan recuerdos y se conectan con los cerebros límbico y reptílico, rebasando al cerebro racional. Al final, sí somos lo que comemos.

Con información de: Cuartel General, Pearson, LEXIA Insights Solutions, Mares, Question Pro y Dichter & Neira.

@amaiMexico